26-10-03montalban.htm26-10-03 Montalbán, el último mohicano Pascual Serrano
Para muchos de nosotros, Vázquez Montalbán era el último mohicano de El PaÃs, es decir, el último “rojo” que tenÃa acceso al olimpo Polanco. O el último espacio digno que le quedaba al periódico, según se mire. Si en algún momento creÃamos percibir un debilitamiento ideológico en el catalán, al poco aparecÃa dando un mazazo para recordarnos donde se ubicaba. Como cuando durante la guerra de Yugoslavia puso en el lugar adecuado al entonces secretario general de la OTAN, Javier Solana.
Fue durante esa guerra cuando la dirección de El PaÃs nos mandó un escrito amenazando con acciones legales la publicación recién nacida “El Otro PaÃs”. Además de considerar la suplantación de su cabecera con nuestra denominación, con gran sutiliza nos señalaban en su comunicado cómo podÃamos hablar de “El Otro PaÃs” si reproducÃamos una columna de Montalbán de El PaÃs.
Y es que para los “rojos”, El PaÃs serÃa quien le pagaba, pero sus textos eran nuestros. Algo que Vázquez Montalbán nunca dudó. Cuando hace unos años pedimos permiso a sus agentes literarios para reproducir algún texto suyo en “Voces”, la revista de Izquierda Unida Federal, siguiendo sus instrucciones nos respondieron que no habÃa problema para, a continuación, añadir, “no hace falta os demos ningún dato bancario, porque vosotros no pagaréis, ¿verdad?”.
Ya más recientemente, en abril, como periódico electrónico Rebelión pedimos autorización para incluir un artÃculo suyo en el libro “Washington contra el mundo”. Tuvimos la desafortunada idea de seleccionar un texto inédito de una conferencia suya en Italia. Se trataba de una conferencia cuyos derechos correspondÃan a la institución que le invitó. Su agencia se vio mucho más desconcertada que nosotros y no paró hasta que todos encontramos un texto alternativo. Una vez más, dieron por hecho que no pagábamos.
Y es que Vázquez Montalbán también en eso ejercÃa de hombre de izquierdas, sus textos estaban siempre socializados: los de El PaÃs –a pesar de la editorial-, los de La Jornada y los de Interviú. El escritor nos deja una gran herencia, a todos nos queda algo por leer de su prolÃfica obra. Quien lo ha perdido para siempre y con él, el poco interés que le quedaba, es El PaÃs. Ahora ya, ni los lunes.
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