Acciones de Documento

26-10-03montalban.htm

por adminÚltima modificación 04/02/2007 06:20

26-10-03

Montalbán, el último mohicano

Pascual Serrano
Hace quince años, durante una tertulia con estudiantes de periodismo, recuerdo comentarle a Vázquez Montalbán que echábamos de menos leer más ensayos suyos frente a la narrativa de Carvalho. Con ese carácter arisco que le caracterizaba me espetó: “Ni estoy de acuerdo contigo cuando afirmas que en mi obra hay mucha ficción y poco ensayo, ni con quienes dicen que Carvalho entraña demasiado realismo y poca narrativa”. Con mi juventud de entonces, esa respuesta me dejó intimidado. A pesar de sus duras formas, Montalbán añadió más tarde que gracias a Carvalho había podido presentar ambiente y realidades que, de otra forma, no hubieran llegado al público. Ya lo había escrito mucho antes Bertolt Brecht: “Que el nivel literario de una afirmación sea alto puede servir de protección a un relato. No obstante, algunas veces también levanta sospechas. Y entonces puede que se trate de rebajarlo adrede. Es lo que ocurre por ejemplo cuando, en la desprestigiada forma de la novela policíaca, se infiltran de tapadillo relatos de circunstancias precarias en pasajes desapercibidos. Tales descripciones justificarían plenamente una novela policíaca”.  Era evidente que los mecanismos impuestos por el franquismo para presentar la realidad dando rodeos, al igual que en la Alemania nazi de Brecha, nunca dejaron de estar vigentes”.

 

Para muchos de nosotros, Vázquez Montalbán era el último mohicano de El País, es decir, el último “rojo” que tenía acceso al olimpo Polanco. O el último espacio digno que le quedaba al periódico, según se mire. Si en algún momento creíamos percibir un debilitamiento ideológico en el catalán, al poco aparecía dando un mazazo para recordarnos donde se ubicaba. Como cuando durante  la guerra de Yugoslavia puso en el lugar adecuado al entonces secretario general de la OTAN, Javier Solana.

 

Fue durante esa guerra cuando la dirección de El País nos mandó un escrito amenazando con acciones legales la publicación recién nacida “El Otro País”. Además de considerar la suplantación de su cabecera con nuestra denominación, con gran sutiliza nos señalaban en su comunicado cómo podíamos hablar de “El Otro País” si reproducíamos una columna de Montalbán de El País.

 

Y es que para los “rojos”, El País sería quien le pagaba, pero sus textos eran nuestros. Algo que Vázquez Montalbán nunca dudó. Cuando hace unos años pedimos permiso a sus agentes literarios para reproducir algún texto suyo en “Voces”, la revista de Izquierda Unida Federal, siguiendo sus instrucciones nos respondieron que no había problema para, a continuación, añadir, “no hace falta os demos ningún dato bancario, porque vosotros no pagaréis, ¿verdad?”.

 

Ya más recientemente, en abril, como periódico electrónico Rebelión  pedimos autorización para incluir un artículo suyo en el libro “Washington contra el mundo”. Tuvimos la desafortunada idea de seleccionar un texto inédito de una conferencia suya en Italia. Se trataba de una conferencia cuyos derechos correspondían a la institución que le invitó. Su agencia se vio mucho más desconcertada que nosotros y no paró hasta que todos encontramos un texto alternativo. Una vez más, dieron por hecho que no pagábamos.

 

Y es que Vázquez Montalbán también en eso ejercía de hombre de izquierdas, sus textos estaban siempre socializados: los de El País –a pesar de la editorial-, los de La Jornada y los de Interviú. El escritor nos deja una gran herencia, a todos nos queda algo por leer de su prolífica obra. Quien lo ha perdido para siempre y con él, el poco interés que le quedaba, es El País. Ahora ya, ni los lunes.

 

 

VOLVER a portada