26-10-03
La SIP,
mancillar la libertad de prensa para desautorizar a los incómodos
Pascual
Serrano
En las últimas semanas hemos escuchado duras crÃticas de
la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) contra los gobiernos de Venezuela y
Cuba. Al primero le acusa de cerrar el canal de televisión Globovisión y
atentar constantemente contra los medios de comunicación, al segundo encarcelar
a periodistas independientes. Sin embargo, no se escuchó a la SIP decir nada
sobre el cierre de la emisora de televisión venezolana comunitaria Catia TV,
clausurada por el alcalde metropolitano de Caracas y virulento opositor del
gobierno de Hugo Chávez, Alfredo Peña. Tampoco sobre los secuestros,
prohibiciones y atentados contra medios de Bolivia durante las semanas
precedentes a la huÃda del presidente Sánchez de Losada. Entonces el gobierno
confiscó ediciones de las publicaciones Pulso y El Diario. Incluso la radio PÃo
XII, una emisora que sobrevivió a las dictaduras bolivianas, fue vÃctima de un
atentado que fue relacionado con las fuerzas del orden. Nada de ello molestó a
la Sociedad Interamericana de Prensa a pesar de que se denunció ante la OEA.
Frente a estos graves atentados a la libertad de expresión, el cierre de
Globovisión por el gobierno venezolano denunciado por la SIP es sencillamente
falso, nunca se le impidió emitir a esta cadena. Sólo se adoptó una medida
cautelar por utilizar una frecuencia de onda para la que no tenÃa la oportuna
licencia, acción regulada por ley, con todas las vÃas legales para poder
recurrir y a la que se recurre con normalidad en cualquier paÃs. En cuanto a
Cuba, sólo uno de los enjuiciados el pasado mes de abril es periodista, y su
detención se funda en participar en actividades financiadas por un gobierno
hostil, el norteamericano, cuyos representantes en La Habana conspiraban con
los procesados para desestabilizar un gobierno, promover intervenciones
extranjeras en el paÃs y difundir informaciones falsas destinadas a
desacreditar con mentiras al gobierno cubano a través de medios que violan
convenciones internacionales de soberanÃa de espacio radioeléctrico como Radio
MartÃ.
Pero, ¿qué es y quién hay detrás de la Sociedad Interamericana de Prensa?.
Creada en 1943 y refundada en 1950 por los agentes de la CIA Jules Dubois y
Joshua Powers, junto con el agente del Departamento de Estado, Tom Wallace, sus
lÃneas de trabajo eran el apoyo incondicional a la polÃtica exterior de Estados
Unidos, la lucha antisindicalista y anticomunista macartista, y la promoción
del liberalismo económico por cualquier vÃa. Sólo un año después, dirigentes de
varias organizaciones profesionales de prensa expresaron ya su discrepancia con
esta organización (1) y denunciaban años más tarde, en 1976, bajo la Federación
Latinoamericana de Periodistas (FELAP), que los empresarios de la prensa,
asociados en la corporación denominada SIP "usurparan la representación de
los periodistas y se permitieran emitir juicios respecto a la libertad de
expresión".
Las acciones contra la libertad de prensa de la SIP han caracterizado toda su
historia. Una intensa campaña contra la UNESCO cuando se debatÃa el Nuevo Orden
Informativo que denunciaba el control de la información por parte de los paÃses
más poderosos del mundo, su negativa en la Cumbre Iberoamericana de Isla
Margarita, en 1997, a debatir sobre "el derecho del pueblo a una
información veraz", la negación de visados a periodistas para asistir en
Estados Unidos a sus encuentros, en algunos casos calificados de peligrosos por
su militancia comunista. Ya durante el gobierno de Allende en Chile, la SIP
jugó un papel predominante en la campaña para fomentar la intervención militar
(2). El DÃa Nacional de la Prensa, el 12 de febrero de 1973, el presidente
chileno afirmaba: "Nos hemos visto obligados a señalar la falta de
autoridad moral y el interés tergiversado de aquellos que se cobijan en la
Sociedad Interamericana de Prensa". Tal y como ahora esgrimen sus falsas
acusaciones de prohibiciones gubernamentales contra Globovisión, hicieron hace
treinta años mintiendo sobre las agresiones del gobierno de Allende al diario
El Mercurio.
Los ataques a Cuba han sido una constante en la SIP. La mera existencia de medios
públicos en los primeros años de la revolución era considerado como creación de
"medios totalitarios y comunistas" (3). Para la SIP la libertad de
prensa y la democracia sólo era compatible con la existencia de propiedad
privada en los medios de comunicación. Una peculiar forma de entender la
pluralidad informativa. Incluso la Reforma Agraria, fue considerada por la SIP
como la abolición de la libertad de prensa en Cuba.
Más recientemente, tres diarios de Uruguay se sumaban a la multitud de medios
de comunicación honestos que abandonaban la SIP, denunciando la elección como
presidente de la sociedad al que fuera un alto funcionario de prensa de la
última dictadura militar uruguaya, Danilo Arbilla (3). El diario La República
informaba que "los medios uruguayos que quedan en la SIP son el diario que
fue vocero de la dictadura militar, El PaÃs; el diario de la secta Moon,
Ultimas Noticias, y el diario del Opus Dei, El Observador". La última
salida de la SIP ha sido la de la agencia Argos (4), con sede en Miami. En un
amplio comunicado denunciaba el doble rasero con el que funcionaba la sociedad
y su dependencia del gobierno de Estados Unidos.
El ejemplo de quién gobierna en la SIP y con qué modelo de libertad de
expresión lo encontramos el pasado 9 de octubre cuando la consejera de
Seguridad Nacional de Estados Unidos, Condoleezza Rice ordenaba vÃa
teleconferencia a la Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa
"apoyar al gobierno constitucional de Bolivia" (5), cuya dimisión
pedÃan los bolivianos tras el asesinato de más de ochenta personas por la
represión policial.
(1) Ernesto Vera. SIP: una libertad secuestrada. 2-8-03 www.cubadebate.cu
(2) Hernán Uribe. Allende y la prensa. Paralelo 21. Radio Universidad de
Guadalajara. México www.radio.udg.mx
(3) IPI-ANC-UTPBA. 19-05-03. Disponible en www.cubadebate.cu
(4) Ver www.rebelion.org/medios/argos-sip031022.htm
(5) La Jornada (México). 9-10-2003

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