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Veintisiete organizaciones firman en Bruselas un manifiesto contra la violencia de Coca-Cola

por adminÚltima modificación 04/02/2007 06:13

10-11-02

 

El Parlamento Europeo celebró una Audiencia para tratar el asunto
Veintisiete organizaciones firman en Bruselas un manifiesto contra la violencia de Coca-Cola en Colombia y en el mundo

Pascual Serrano

El 10 de octubre Bruselas acogió varios eventos relativos a la actuación de la multinacional Coca-Cola en el mundo, y en Colombia en particular. Ese día, un centenar de manifestantes, ocuparon la entrada del centro del templo de la finanzas en esta ciudad, la Bolsa de Valores, denunciando cómo la multinacional y sus accionistas obtienen beneficios espectaculares a costa del medio ambiente, en el caso de la India, y los derechos sociales en diferentes partes del mundo, por ejemplo en Colombia donde lideres sindicales son duramente reprimidos o asesinados.

Ocho "cadáveres" yacían en el piso frente a las gradas, simbolizando igual número de sindicalistas de Coca-Cola asesinados en Colombia, uno de ellos en el pasado mes de agosto. Mientras tanto, tres actores, supuestos representantes de la multinacional, deambulaban frente a los cadáveres, el uno con la orejas tapadas ante las quejas de las organizaciones sindicales que reclaman por los asesinatos, el otro con los ojos tapados ante la impunidad en la que permanecen estos crímenes, y el tercero, con los bolsillos llenos de dinero, declinaba toda responsabilidad e interés en la persecución y el asesinato de los trabajadores de su filial en Colombia, Panamco.

Entretanto una joven, con dos huellas de sangre derramándose lentamente a la punta de los labios, ofrecía a los transeúntes unas latas de Coca-Cola donde figuraba la mención: "Consumir Coca-Cola es peligroso para el medio ambiente y para la vida de los sindicalistas".

Durante la tarde del mismo día, a invitación de varios diputados europeos y nacionales de diferentes países europeos y diversos horizontes políticos (Izquierda Unitaria Europea, Socialistas y Verdes), tuvo lugar en la sede del Parlamento europeo, una audiencia donde se pudo conocer más sobre la actuación de la multinacional Coca- Cola en el mundo. Una sala repleta de participantes, mas de 150, conoció de boca del presidente de sindicato SINALTRAINAL y del abogado de las víctima, el dramático caso de los asesinatos de sindicalistas en Colombia, las intimidaciones ejercidas contra esta organización, por diferentes medios, entre los cuales la actuación de grupos paramilitares, y el incremento espectacular de los beneficios de la compañía en Colombia.

Pero se conoció también de casos de otros países donde la multinacional comete abusos. Una representante de la organización "Amigos de la tierra" transmitió un mensaje de comunidades de la India que exigen que esta compañía sea expulsada de este país, por sus políticas asesinas y los daños ambientales que causa. En la Indía varias comunidades denuncian como Coca-Cola bombea toda el agua del subsuelo, para poderles vender luego sus diversas bebidas.

Varias personalidades como el escritor portugues y Premio Nobel de Literatura José Saramago, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Perez Esquivel, de Argentina, el profesor François Houtart, de la Universidad de Lovaina, o el líder campesino José Bové, dirigieron mensajes a los participantes a la Audiencia.

Un representante de la red de ONG's Encod (European NGO Council on Drug and Development) explicó las dramáticas implicaciones para los campesinos e indígenas de los Andes de la guerra, encabezada por Estados Unidos, que se les libra por cultivar coca, - planta que cultivan desde tiempos inmemoriales-, mientras la multinacional norteamericana Coca-Cola conserva el monopolio de la comercialización de esta planta y vende impunemente su desculturizante bebida por todo el mundo.

Al respecto, James Petras, profesor norteamericano especialista en América Latina, subrayó cómo la política exterior de potencias como Estados unidos están orientadas ante todo al beneficio de sus transnacionales. Detalló como Colombia, con su Plan Colombia y la paramilitarización del país, constituye hoy un ejemplo de tales orientaciones. El economista Eric Toussaint, autor de varios libros y conocido crítico del neoliberalismo ubicó el problema emblemático de la Coca-Cola en el contexto del necesario control de las compañías transnacionales, un punto nuevamente señalado como central y urgente en la reciente cumbre de Johannesburgo por los gobiernos de muchos los países en desarrollo, el movimiento social y las ONG's.

La audiencia contó con el apoyo y la participación activa de las tres federaciones sindicales mundiales (CMT, CIOLS y FSM), y de muchas otras organizaciones, movimientos y grupos de solidaridad de toda Europa.

Le empresa Coca-Cola, invitada al evento para responder las acusaciones, explicarse sobre estas prácticas y poder exponer qué medidas piensa adoptar para que cesen, prefirió declinar la invitación y enviar una comunicación escrita a los participantes donde niega cualquier responsabilidad en el asesinato de sus numerosos obreros sindicalizados que han sido asesinados o han tenido que exiliarse o desplazarse. Transcendió también que la multinacional escribió al Presidente del Parlamento europeo para protestar por la organización de esta audición. A pesar de estas presiones, no logró impedir el evento debido al fuerte apoyo entre los diputados del Parlamento europeo.

Asimismo, veintisiete organizaciones y centenares de personas suscribieron un manifiesto denunciando la represión de la multinacional Coca-Cola contra los trabajadores en Colombia y en el mundo entero.

Bajo el título "¡ Para que cese la violencia de Coca-Cola en Colombia y en el mundo !", los firmantes comienza recordando que " Colombia se ha constituido en modelo de uso extremo de la violencia para imponer la mundialización neoliberal" y que "toda forma de organización social que resiste está siendo exterminada: indígenas, campesinos, obreros son asesinados por oponerse a las pretensiones de los inversionistas".

Cada año en este país son asesinados más sindicalistas que en todo el resto del mundo. "Coca-Cola y su filial en Colombia, Panamco S.A. –afirman los denunciantes- participan en esta guerra sucia contra el movimiento social. Es así como en los últimos 10 años, han sido asesinados 8 dirigentes del sindicato de trabajadores de esta empresa, 2 de ellos han tenido que exiliarse y otros 48 han sufrido el desplazamiento forzado".

Ya el pasado 17 de abril, en una iniciativa sin precedentes, los sindicatos de los empleados de la multinacional Coca Cola en Colombia, Venezuela, Zimbabwe y Filipinas iniciaron movilizaciones destinadas a denunciar las constantes violaciones de derechos humanos por parte de la dirección de la empresa. Mediante una campaña internacional denunciaron la represión que sufren los representantes sindicales y pidieron que Coca Cola firmase un protocolo que garantice el respeto a sus derechos en todas las fábricas de la multinacional.

Coca-Cola aumenta enormemente sus beneficios mundiales a costa de una política laboral fundada sobre el terror: "El permanente accionar de grupos paramilitares, actuando en complicidad con las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del estado, sirve a la multinacional y a su filial, para presionar ilegalmente a los dirigentes sindicales, obligar a los trabajadores a desafiliarse del sindicato para incumplir convenciones laborales, forzarlos a renunciar a sus contratos de trabajo e imponer bajos salarios a los nuevos trabajadores contratados".

Ya el sindicato Sinaltrainal ha iniciado acciones judiciales contra Coca-Cola en Estados Unidos el 20 de julio de 2001, con fundamento en la ley Alien Torts Claims Act. En Bruselas, el pasado 10 de octubre su celebró una Audiencia Pública sobre las actuaciones criminales de Coca-Cola y sus filiales en Colombia".

Las violaciones de derechos humanos de Coca-Cola se limitan a Colombia. También en otros países como Guatemala, Filipinas, Pakistán, India, Israel y Venezuela el movimiento social acusa a Coca-Cola de "utilizar, directamente o a través de sus filiales, el asesinato, la violencia, la corrupción, el incumplimiento de las leyes laborales, para alcanzar sus fines económicos", según los firmantes del manifiesto.

"En Estados Unidos –añaden- la multinacional ha sido denunciada por discriminación racial, por atentar contra la salud pública, por daños ambientales, por contaminación genética, y por contaminación del agua. En muchos casos ha sido denunciada, algunas veces condenada, pero casi siempre, su poder le ha permitido escapar a la acción de la justicia".

La Unión Internacional de Asociaciones de Trabajadores de Alimentos y Ramos Afines (UITA) pidió el pasado mes de abril que Coca-Cola se comprometa a un protocolo de acuerdo global que implicase a todas las sociedades y los subcontratistas. Iniciativas similares existen en la industria agroalimentaria. Starbucks, uno de los lideres de la industria americana del café, firmó hace tiempo un acuerdo de este tipo. Igualemente, la multinacional Chiquita, la Coordinación de los Obreros del Plátano de America Latina y UITA hicieron lo mismo en el ámbito del cultivo del plátano.

Una de las paradojas que denuncian los sindicatos y colectivos sociales es que bajo el paraguas de la mundialización y de la militarización de América latina, Coca-Cola "puede comprar coca y distribuirla en su bebida, mientras que los indígenas que producen la coca desde tiempos inmemoriales están reprimidos por la guerra de la droga".

Para los colectivos Coca-Cola es la punta de lanza de la cruel simbiosis entre la violencia y la imposición de un modelo liberal, junto con otras multinaciones como "Mac Donald's, Monsanto, United Fruit Co., Unilever, Endesa, Nestlé, Occidental Co, Repsol, BP, Bayer, Drummond etc..."

Asimismo, exigen que se dé curso a las acciones judiciales llevadas a cabo por las víctimas en Colombia y al Gobierno de Colombia "que detenga la guerra sucia contra el movimiento social, y que ponga fin a la impunidad de quienes la fomentan y ejecutan". También instan a la ONU a "adoptar normas vinculantes para forzar a las empresas multinacionales a respetar los derechos humanos" y a los países industrializados a "modificar sus políticas antidrogas para poner fin al monopolio de la multinacional Coca-Cola de exportar y comercializar derivados de la planta de coca, y para que cese la guerra de la droga contra campesinos e indígenas".

 

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