¿Soy terrorista?17-11-03 "¿Soy terrorista?"
Pascual Serrano En otros países, por ejemplo en el Líbano, el grupo político mayoritario entre los musulmanes, Hezbollah, lidera una lucha armada contra el ejército del país que invadió su territorio y responde con misiles tierra-aire cuando los aviones militares israelíes violan el espacio aéreo del Líbano, en algunas ocasiones para bombardear poblaciones civiles. Lo que defiende Hezbollah, la soberanía del Líbano, está perfectamente reconocido por la legislación internacional, incluidas algunas resoluciones de la ONU. Su implantación entre la población del sur del Líbano es mayoritaria y, a nivel nacional, el presidente del Parlamento pertenece a ese partido. En sus combates, sólo se contemplan objetivos militares, nunca civiles. Yo pude conocer su lucha y sus líderes, y aunque no comparto su religión su causa me parece justa. Hezbollah está considerado un grupo terrorista por Estados Unidos. El Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP) es un grupo armado que se enfrenta a Israel, al que acusa de ocupar ilegalmente tierras que pertenecen a Palestina, algo similar a lo que dice la ONU mediante varias resoluciones del Consejo de Seguridad. El FPLP considera que por la vía pacífica no va a conseguir que el ejército israelí se retire de las zonas ocupadas, idea que comparte la gran mayoría de la opinión pública mundial. Por eso, malamente armado, lucha contra el ejército más poderoso del mundo, después del de Estados Unidos. El FPLP está calificado de terrorista por EEUU y la Unión Europea. También conozco a sus líderes, me explicaron su lucha y creo que es justa. En Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) combaten desde hace décadas al ejército colombiano. También están considerados terroristas por EEUU y la UE. Estos grupos afirman que la izquierda política en Colombia es masacrada cuando recurre a la vía pacífica de lucha por el poder, algo de verdad tienen porque las organizaciones de derechos humanos llevan contabilizados más de dos mil líderes políticos asesinados a los que hay que sumar los defensores de derechos humanos y los sindicalistas. Se les acusa de extorsión y secuestro porque, al igual que cualquier otra administración política, exigen un impuesto en las zonas bajo su control a quienes poseen grandes propiedades para mantener servicios como la educación, la sanidad y, hay que reconocerlo, la seguridad. A las FARC también se les acusa de narcotráfico porque permiten el cultivo de coca. Ellos han propuesto en múltiples ocasiones que el gobierno y las instituciones internacionales estudien una adecuada política de sustitución de cultivos que permita a los campesinos erradicar la hoja de coca, pero son ignorados. Mientras tanto, ellos piensan que los campesinos y sus hijos tienen derecho a subsistir, por eso cultivan lo único que les permite comer. Por su parte, el ELN tiene entre sus habituales acciones armadas dinamitar gaseoductos y centrales eléctricas. Con esos atentados señala y ataca a multinacionales a las que acusa de apropiarse de los recursos naturales de Colombia. Eso es lo que me han explicado sus líderes cuando he hablado con ellos. Aunque en su larga y difícil lucha haya podido haber errores, yo comparto su causa y no creo que se trate de terroristas, no les veo yo intentando sembrar el terror entre la población. En España, se acusa de terroristas a algunos que hacen periódicos o se presentan a las elecciones en Euskadi. Por eso, el gobierno ilegaliza partidos políticos y publicaciones aunque luego a sus responsables no se les meta en la cárcel porque ni han matado ni han cometido ningún delito. Hubo una vez que sí encerraron en prisión a unas personas por emitir un vídeo con unos encapuchados hablando. Tras dos años de encarcelamiento, el Tribunal Constitucional decretó su libertad sin cargos. Yo no estoy de acuerdo con que se ilegalicen partidos políticos ni medios de comunicación, creo que no son terroristas, de hecho nadie está en prisión por pertenecer a ese partido político ni por escribir en ese periódico. Tampoco estoy de acuerdo en que un preso condenado de terrorismo tenga que estar encarcelado a miles de kilómetros de su familia. Pienso que luchar contra el terrorismo no es buscar que una madre tenga que recorrer esa distancia para ver a su hijo en prisión. Por eso, también me dicen que soy amigo y cómplice de los terroristas. Mientras intentan convencer al mundo de que grupos como los citados son terroristas y que quienes compartimos sus causas también lo somos, en nombre de la lucha contra el terrorismo los poderosos mantienen a más de seiscientas personas en un campo de concentración en la base militar de Guantánamo sin abogado ni derechos ni legislación alguna. Invaden países, bombardean poblaciones, disparan contra familias que no paran en un control de carretera o engrilletan a niños aterrorizados. Los que proclaman la democracia y la lucha antiterrorista mantienen un bloqueo a un país cuyo gobierno no les gusta a pesar de que están en contra 179 países del mundo y sólo tres a favor, EEUU, Israel y las islas Marshall, tal y como se pudo ver en la última votación de la Asamblea de las Naciones Unidas. Los antiterroristas instigaron -y lo siguen haciendo- un golpe de Estado en Venezuela porque su presidente quería que el petróleo fuese de los venezolanos y no de las empresas extranjeras. Por último, un gobierno que se dice antiterrorista y democrático invitará y agasajará con el dinero de su pueblo a decenas de dictadores, genocidas y déspotas con el motivo de la boda de un tipo que se convertirá en el jefe del Estado por la única razón de que se apellida Borbón.
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