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Bienvenidos, pero sin perder la memoria

por adminÚltima modificación 04/02/2007 06:20

09-02-03

Bienvenidos, pero sin perder la memoria

Pascual Serrano
Como nos ocurre tantas veces en política, vuelve a flaquearnos la memoria en nuestro país. Lo observamos, sin ir más lejos, en la cuestión de la guerra y el partido socialista. El gobierno, en lugar de explicar sus razones para la guerra, no deja de echárselo en cara a los socialistas. Les recuerda insistentemente su apoyo al ingreso de España en la OTAN, su implicación en la guerra del Golfo cuando gobernaban, o su aprobación de la de Kosovo, o la de Afganistán. Hay que decir que tiene razón el gobierno en esas acusaciones, mientras la izquierda política y social, pletórica creyendo que ha recuperado al hijo pródigo, lo silencia, al parecer para no ofender al "nuevo compañero". A algunos la negativa a la guerra de los socialistas nos recuerda demasiado a aquel histórico slogan "de entrada no".

Algo parecido ocurre con algunos de los intelectuales que ahora vemos manifestarse contra la guerra. Muchos han estado incondicionalmente al lado de las mejores causas, pero otros no recordamos haberlos visto en movilizaciones contra anteriores guerras, bases militares o incorporación a la OTAN.

Pero no es ese el único asunto en el que el PSOE vuelve de nuevo a las barricadas. Ahí está el tema de Sintel y del incumplimiento del compromiso asumido por el gobierno. A lo largo y ancho del país, ayuntamientos, diputaciones y parlamentos autonómicos están aprobando con el máximo fervor socialista resoluciones y documentos solidarizándose con los trabajadores de Sintel e instando al gobierno a que cumpla sus acuerdos de reinserción laboral. Y nadie parece recordar que fue el gobierno socialista quien, a finales de marzo de 1996 vendió la filial de Telefónica al cubanoamericano Mas Canosa. Faltaba un mes para que el Partido Popular gobernara. Nada de la tragedia de los trabajadores de Sintel hubiese ocurrido si esa venta no se hubiese materializado, una venta que ya era denunciada por los trabajadores porque no respetaba sus derechos sociales y laborales, no garantizaba los puestos de trabajo y dejaba en manos de un conocido especulador y mafioso una empresa estratégica y el futuro de 2.700 trabajadores.

Del mismo modo, sucede con las huelgas frente a las agresiones a los derechos de los trabajadores. Quienes diseñaron políticas que provocaron tres huelgas generales, hoy son huelguistas conversos.

En conclusión, que no debemos olvidar que algunos de los que ahora piden justicia para Sintel, dicen no a la guerra y van a la huelga en defensa de los trabajadores, hace no tantos años, privatizaban la filial de Telefónica, nos metían en la OTAN, cedían las bases militares al gobierno de Estados Unidos y aplicaban políticas laborales que fueron contestadas con tres huelgas generales.

A las buenas causas todo el mundo ha de ser bienvenido, pero en la vida, somos lo que hacemos y nuestra trayectoria. Para algunos, las posiciones deben ser las mismas cualquiera que sea el papel que nos toque jugar tras unas elecciones. De ahí que la memoria nunca la hemos de perder.

 

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