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Mesa Redonda: Terrorismo frente a guerra justa

por adminÚltima modificación 04/02/2007 06:18

Intervención en la Mesa Redonda "Causas y consecuencias de las nuevas guerras del siglo XXI". Semana de Solidaridad de Alcalá de Henares

Terrorismo frente a guerra justa, el doble rasero del Nuevo Orden Mundial

Pascual Serrano

La guerra en la antigüedad y orígenes de las guerras actuales

En la antigüedad, las guerras entre países estaban motivadas por las necesidades de las sociedades de disponer de recursos naturales. Las guerras, lideradas siempre por las oligarquías dominantes buscaban expansionar sus territorios como modo de aumentar sus recursos. Esos recursos podían ser territorio, esclavos, enclaves estratégicos, etc...

Por otro lado estaban las guerras de liberación, es decir, las de colectivos oprimidos contra los sectores y oligarquías que les oprimen.

Por poner un ejemplo, las guerras de expansión del Imperio Romano pertenecían a la primera clase y el levantamiento de los esclavos liderado por Espartaco pertenece a la segunda.

Hoy la primera situación no tiene el mismo sentido. Es verdad que sigue habiendo enclaves geográficos estratégicos que pueden ser motivo de enfrentamiento, pero el potencial de un país ya no depende tanto de sus recursos naturales. Es evidente que Brasil tiene más recursos naturales que Alemania, pero tiene mucha menos capacidad de influencia política y económica.

Por otro lado, la mundialización económica permite poder disponer de una riqueza natural sin tener que invadir esos territorios. ¿Acaso no dispone EEUU del petróleo de Chiapas o las frutas de Centroamérica?, ¿acaso no controla Inglaterra el petróleo de Nigeria?.

Si aparecen algunas de estas guerras por territorios, están motivadas más por el interés de los gobernantes en conseguir adhesiones populares que sirvan para desviar la atención de los problemas nacionales, que por la adquisición de recursos naturales. ¿Qué beneficio consigue Argentina recuperando las Malvinas, más allá de levantar el orgullo patrio?, ¿qué recursos relevantes en juego puede haber en el conflicto fronterizo entre Perú y Ecuador?, ¿en qué beneficia a la pobreza de los ciudadanos de India o Pakistan el control de Cachemira?.

 

Hubo un tiempo en que tuvieron gran trascendencia las guerras de independencia, es decir, de las colonias con sus metrópolis. Ahora los mecanismos de colonización, también como resultado de la globalización, son diferentes. Los países se colonizan mediante la economía aunque, aparentemente, políticamente no lo estén.

Sin embargo, lo que se mantiene invariable son los levantamientos de sectores de la población contra sus opresores. Opresores que, también como resultado de la globalización económica, pueden ser locales (con la habitual complicidad de gobiernos y fuerzas de seguridad) o extranjeros, los intereses económicos de grandes multinacionales o gobiernos de otros países. De ello hablaremos más adelante.

Quedan también los conflictos fundamentados en las aspiraciones independentistas. Se trata de aspiraciones motivadas por muy diferentes razones. Desde nacionalidades donde se culminó adecuadamente el proceso de independencia, como Timor Oriental o Sahara, a regiones históricas con un fuerte espíritu nacionalista. Y, sin olvidar, regiones que convenientemente azuzadas por una burguesía local y una clase política oportunista han visto en las demandas nacionalistas el modo de conseguir apoyos a base de sembrar el culto a los valores locales.

La guerra no reconocida

Pero es importante que analicemos lo que entendemos por guerra y por paz. ¿Es paz la muerte de cuarenta mil niños al día por enfermedades curables?, ¿es paz que mueran millones de africanos de SIDA porque no tienen dinero para pagar los medicamentos?, ¿es paz que hayan muerto dos mil personas en el último decenio intentando atravesar la frontera hacia EEUU?.

Es importante que no nos dejemos llevar por los fáciles slogans y prejuicios. Todo los análisis que nos lleguen ya hechos debemos replantearlos y ponerlos en duda. Hasta ahora lo habitual es que quienes detenten el poder esgriman la paz como valor para mantener el status quo, quienes se rebelaban eran acusados de violentos y guerreristas, quienes, mediante la violencia, intentan mantener la situación por muy injusta que fuera, eran los defensores de la paz. El caso español es muy clarividente, los más mayores recordarán ese slogan de Franco de "cuarenta años de paz", como modo de referirse a las cuatro décadas de cruel dictadura y represión que sufrimos en España.

 

Declaración de terrorismo

Pero este análisis simplista y manipulador se ha perfeccionado todavía más desde el 11 de septiembre. Si hasta ahora se confrontaba la paz con la guerra, la primera como situación deseable y la segunda como confrontación no deseada, responsabilizando de la violencia de la guerra al que quería cambiar la situación, ahora el análisis se ha simplificado -manipulado diría yo- todavía más con la utilización del término terrorismo.

La consideración del oponente como terrorista supone muchas cosas. Veamos cuáles:

Supone negar el diálogo como vía de resolución del conflicto.

Supone negar cualquier elemento de reflexión sobre las razones del conflicto, es decir, negarse a reflexionar si la otra parte presenta alguna cuestión digna de tenerse en cuenta.

Supone considerarse poseedor de la verdad absoluta y de la bondad absoluta y al otro de la maldad absoluta.

Considerar al otro terrorista supone considerar que este otro no busca otro objetivo, lícito o no, que no sea sembrar el terror.

Entre justificar todo tipo de violencia, cualquier finalidad válida para recurrir a ella y cualquier contexto como oportuno para utilizarla y calificar cualquier violencia como terrorismo negando que pueda haber motivos que, aunque no la justifiquen, sí la expliquen, hay todo un abanico de posibilidades.

Terrorismo en su sentido puro supone realizar actos violentos destinados a sembrar el terror entre la población civil como único objetivo. En mi opinión, y no estoy justificando irresponsablemente todas las acciones armadas, eso no es lo que hacen el 90 % de las organizaciones violentas calificadas de terroristas por EEUU o Europa.

Y es que las cuestiones no se pueden presentar como blanco o negro, como buenos y terroristas. Ni la vida, ni las personas, ni los conflictos son así. Han sido muchos los conflictos que se han resuelto cuando han dejado de ser considerados terroristas alguno de los actores. Quiero recordar que terrorista fue declarado Nelson Mandela o Yaser Arafat. Que para Franco el PCE era terrorista, que los partisanos franceses eran terroristas para el ejército de Hitler durante la ocupación de Francia. Que hace diez años, Xanana Gusmao era el líder del grupo terrorista que pedía la independencia de Timor Este y hoy es el presidente legítimamente elegido por los timoreses.

Que, en nombre de la lucha contra el terrorismo, en EEUU, según el recién publicado informe anual de AI, hay decenas de miles de musulmanes detenidos por ser sospechosos. Que en nombre de la lucha contra el terrorismo de las FARC en Colombia, se están financiando grupos paramilitares que están asesinado por decenas a campesinos. Que en nombre de la lucha contra el terrorismo se ha bombardeado Iraq, Yugoslavia o Afganistán, y no se han mejorado en absoluto las condiciones de vida de esos pueblos.

Doble rasero

Pero tampoco esto quiere decir que en nombre de las luchas de liberación se puedan matar civiles en una Iglesia, como ha ocurrido en Colombia o explosionar las torres gemelas de Nueva York. Lo que tenemos que reivindicar es que nadie se puede adscribir el derecho de decir quienes son los buenos y los malos, que tenemos el derecho los ciudadanos a contar con todos los elementos para posicionarnos, valorar las situaciones sin que nos engañen o manipulen. ¿Por qué en el conflicto entre Iraq y Kuwait, el presidente de Iraq era el malo al que había que bombardear y el de Kuwait al que había que defender?. Ninguno de los dos había sido democráticamente elegido. Ninguno de los dos países respetaba los derechos humanos. Y, por poner un ejemplo, las mujeres en Iraq pasean con normalidad por la calle y tienen acceso a las mismas profesiones que los hombres y en Kuwait tienen prohibido conducir automóviles. ¿Por qué el gobierno de Afganistán era el terrorista y el de Paquistán nuestro aliado si los dos están formados por militares que llegaron al poder mediante la violencia y el golpe de Estado?.

Legitimar la guerra

La declaración de terrorismo y, a continuación de la guerra contra el terrorismo, ha iniciado una situación sin precedentes en la humanidad. Una situación por la cual, todos los ciudadanos del mundo estamos en guerra contra otros pueblos sin habernos consultado. Y lo digo con contundencia, estamos en guerra. Nuestros impuestos se destinan a armas y ejércitos, nuestros militares son destinados a esos conflictos y nosotros, como no podía ser de otro modo, nos convertimos en objetivos militares de esos enemigos. Y yo pregunto ¿por qué nuestro socios son gobiernos como el de Turquía, el de Paquistán, el de Kuwait o el de Israel?. Acaso son esos gobiernos menos terroristas que Hamas, el PKK kurdo o las FARC, calificados de terroristas. ¿Por qué se considera que países como Corea, Irán o Cuba colaboran con el terrorismo y no los anteriormente citados?.

El control mediático en situaciones de guerra

El nivel de control que los países dominantes, EEUU a la cabeza, tiene sobre la información y la interpretación del mundo no tiene precedentes. Se discute la legitimidad de Hugo Chávez en Venezuela, con un apoyo del 60 % de la población y no se discute la de Duhalde en Argentina con un apoyo del 3% según la última encuesta. Nos convencen de que debemos defender el régimen de Kuwait, que no ha sido elegido por sus ciudadanos y bombardear al de Milosevic, que sí lo ha sido. Que tenemos que asociarnos en la OTAN con Turquía en cuyas prisiones todas las semanas mueren presos kurdos en huelga de hambre y al mismo tiempo tenemos que apoyar los bombardeos de Iraq para proteger a los kurdos de un gobierno cuyo primer ministro, Tareq Aziz es kurdo.

Nos dicen que el país de América Latina con mayor tasa de escolarización y menor índice de mortalidad infantil no respeta los derechos humanos y en el que se cuentan en 3.500 los militantes de izquierda asesinados sí los respeta. El primero es Cuba, el segundo Colombia.

La afirmación de que la primera víctima de la guerra es la verdad es más real que nunca. Nadie sabe cuántos iraquíes murieron en la guerra del Golfo. Se nos habló de cientos de miles de kosovares muertos por la limpieza étnica de Milosevic y después los forenses españoles que trabajaron para la ONU contabilizaron entre 3.500 y 5.000. Claro que son muchos muertos, pero no creo que fueron menos los ocurridos durante semanas de bombardeos de la OTAN.

El gobierno español negó en respuesta a una pregunta parlamentaria que se estuviese utilizando uranio empobrecido en Kosovo, un año después la OTAN reconoció que sí.

Se nos dijo insistentemente que tras los bombardeos de Afganistán la ayuda internacional de los aliados reconstruiría el país. El sábado pasado, hace dos días, en una columna minúscula del periódico se informaba de que no quedaban fondos, no para reconstruir, sino para retornar a los afganos a su país. No quedaban fondos ni para trasladarlos en autobús de Pakistan a Afganistán.

Se critica que Cuba o Venezuela acoge a etarras, cuando son deportados, es decir, enviados por el propio gobierno español. Quien acoge criminales y golpistas es Japón que no responde a la orden de busca y captura de Fujimori o Colombia que da asilo a un golpista como Carmona. Imaginaros qué hubiera pasado si Cuba hubiera dado asilo el año pasado a los dos etarras que entraron en la embajada.

Se nos cuenta que los cubanos no pueden salir de su país, pero son los norteamericanos los que tienen prohibido viajar a Cuba.

Cuando estuve en Iraq durante los más importantes bombardeos de después de la guerra, una corresponsal de televisión me dice, mientras esperábamos hablar con el ministro de educación, que el gobierno iraquí no cesa de denunciar que se bombardean colegios pero no es capaz de enseñarnos los resultados de ese bombardeo. Tras la intervención del ministro iraquí, pido la palabra para señalarle al ministro que la prensa le acusa de no permitir el acceso a los supuestos colegios bombardeados. El ministro, con absoluta serenidad, me pregunta a cuántos colegios quiero ir. Al día siguiente un autobús nos lleva a toda la delegación a visitar media docena de colegios bombardeados. No era verdad que no los enseñaran, nadie de la prensa les creía y nadie pidió ver los colegios. Esa misma delegación española pidió ver el hospital infantil de Bagdad y comprobar la situación sanitaria por el embargo. Ningún periodista quiso venir, nos dijeron que esos niños nos los ponían allí ese día para nuestra visita con un médico aleccionado por el régimen. Dos días después algunos volvimos al hospital sin avisar ni pedir autorización al servicio de seguridad. Los niños continuaban allí, el médico era diferente, pero nos contó absolutamente lo mismo.

En el año 1992, todos los medios informaban que el batallón Atlacant, responsable de las mayores violaciones de derechos humanos en El Salvador, había sido felizmente disuelto por el gobierno. Dos meses después, los soldados de ese batallón, con su uniforme reglamentario y su distintivo en el uniforme me estaba cacheando en una carretera de El Salvador.

Los casos de cómo los medios nos engañan constantemente son innumerables. Hace una semana, la agencia Efe informa que varios venezolanos han entrado en la embajada española en Caracas y han pedido asilo, lo que se interpretaba como un acto de protesta del régimen y huida de Hugo Chávez, no hacía referencia alguna al comunicado del grupo de venezolanos. Este comunicado denunciaba el acoso que sufría su legítimo presidente por parte de algunos gobiernos extranjeros y medios de comunicación y, por supuesto, no pedían asilo en nuestro país. Es decir, todo lo contrario.

¿Qué hacer?

La pregunta, como en tantas ocasiones, es qué debemos hacer los ciudadanos.

Ante todo, dudar, dudar, dudar. Cuando se nos presente un grupo o país como terrorista, preguntarnos qué quiere exactamente ese grupo, cuáles son las condiciones en las que desarrollan su lucha, si existe un régimen democrático y de respeto a los derechos humanos en el que poder llevar a cabo su lucha política. Buscar la versión del grupo en cuestión, para ello recurrir a internet, con seguridad tendrán una página en la red.

Un ejemplo. Hace unos meses se difunde que las FARC han lanzado una bomba explosiva en una iglesia donde se refugiaban mujeres y niños, asesinando a más de cien personas. Esa es la información presentada por los medios. Es más, en base a esa noticia, sucedida días antes de la Cumbre de Madrid, el presidente Pastrana pide que la UE declare a las FARC como grupo terrorista dado el carácter criminal de ese atentado. Si uno comienza a recopilar información alternativa del suceso se encuentra con lo siguiente:

El Informe de la diócesis de Quibdó que dice que la responsabilidad es de los paramilitares, el ejército y las FARC.

La versión de las FARC que reconoce su responsabilidad pero afirma que no fue intencionado.

La versión de los supervivientes que explican que llevaban días sucediéndose combates entre paramilitares y guerrilla sin que el ejército hubiese acudido a evacuar a los civiles a pesar de sus constantes peticiones. Que los hechos se desarrollan en el transcurso de unos combates entre paras y guerrilla. Que los paramilitares encierran a los civiles en la Iglesia y que desde allí comienza a hostigar a la guerrilla, ésta responde a los hostigamientos de los paras -parapetados detrás de la iglesia- con una bomba incendiaria que explota junto a unos civiles cuya presencia la guerrilla desconocía.

Todas estas versiones complementarias fueron ignoradas por los grandes medios, todas las podían recoger fácilmente acudiendo a las propias fuentes, FARC, Iglesia o testigos, pero sólo lo hicieron los medios alternativos.

Ante cualquier conflicto, aunque parezca sencillo quienes son los buenos y malos, hay que preguntarse por los intereses en la región, qué recursos naturales hay, qué empresas los explotan, qué países operan en él.

Cuando nos digan que hay cientos de miles de muertos por una guerra tribunal entre hutus y tutzis en el Zaire, no nos dejemos convencer por esa interpretación infantil. ¿Qué intereses tienen las grandes potencias en la zona?, ¿cómo se ha desarrollado la descolonización?, ¿quién ha proporcionado armas para poder matar cientos de miles?. Entonces se verá cómo cada tribu responde a los intereses de una colonia, los franceses o los norteamericanos, como cada uno fomentó el liderazgo de una comunidad sobre otra.

Cuando se nos diga que se embarga el petróleo a Iraq para que mejore la democracia, preguntémonos quien gana con esa medida. Quizás a países que logran aumentar sus cuotas de exportación y con ese dinero compran más armamento al país que lidera ese embargo.

Busquemos las fuentes originales, pidamos escuchar las versiones de las partes para adoptar nuestra propia opinión.

Nunca como hasta ahora ha existido un mecanismo global tan coordinado y eficaz para lograr, no a un pueblo o a un país sino a todo el mundo, para lograr repito, el consenso sumiso de la humanidad ante las directrices y las ordenes de una cúpula dominante. En nuestras manos está rebelarnos ante ese gran hermano.