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Entrevista Mbuyi Kabunda

por Pascual SerranoÚltima modificación 05/02/2007 18:16

11-06-97

Entrevista Mbuyi Kabunda, prosesor de la Universidad de Lumumbasi y presidente de Sodepaz
"Si Estados Unidos impone sus medidas liberales a Kabila habrá una segunda guerra de liberación en el Zaire"

Pascual Serrano
Mbuyi Kabunda es profesor de la Universidad de Lumumbasi, abandona hace varios años el Zaire por razones académicas y hoy es presidente de la organización no gubernamental Sodepaz. En esta entrevista analiza los nuevos interrogantes a los que se enfrenta la República Democrática del Congo con su nuevo presidente Laurent Kabila y descifra las claves étnicas que ayudan a entender el conflicto. Para Kabunda, Africa se encuentra sacudida, tras la guerra fría, por un duro enfrentamiento entre la francofonía, liderada por Francia, y la anglofonía, liderada por Estados Unidos, que ayuda a explicar los cambios actuales y los previsibles.

Respecto a la toma del poder en la nueva República Democrática del Congo se ha dicho que el conflicto entre Mobutu y Kabila no era otra cosa que la lucha de intereses entre Francia y Bélgica por un lado y Estados Unidos, Ruanda y Burundi, por otro, ¿qué opinas de ello?

Efectivamente en este conflicto existe una dimensión que es la rivalidad entre la francofonía y la anglofonía. Desde luego la caída de Ruanda fue interpretada por Francia como una invasión en su zona de influencia por los anglófonos, mientras que la estrategia de Estados Unidos era penetrar en esta zona de tradicional influencia francesa con todos sus intereses geopolíticos y geoestratégicos. Se ha trasladado a la región una nueva guerra fría, esta vez cultural y económica, entre los Estados Unidos y Francia.

Lo que ocurre es que Francia siempre ha elegido el caballo perdedor, lo hizo en Ruanda y lo ha vuelto a hacer en el Zaire con su apoyo hasta el último momento al gobierno de Mobutu Sese Seko, internacionalmente rechazado y aislado.

Ante esta situación, Estados Unidos optó por apoyar al candidato propuesto por los países de la zona: Ruanda, Burundi y, en cierta medida, Angola, es decir, a Laurent Kabila.

Este pacto ha cobrado forma con la firma de contratos que Kabila ha hecho, no con empresas francesas o belgas sino con empresas norteamericanas. Todo deja entrever que se está avanzando hacia el plan de la Administración Carter que consistía en crear polos de desarrollo en la zona a través de sus aliados, que esta región son Sudáfrica, Zaire y Nigeria. Se trataba de proceder a la recuperación económica de estos países que podrán jugar un papel de subimperialismo de relevo mediante un papel estabilizador cada uno en sus regiones respectivas.

Para esta labor Mobutu no era válido, era un dictador que servía más a sus intereses que a los de sus aliados, se había convertido en un socio incómodo, incluso impresentable, por la sencilla razón de que había condenado a su pueblo a la pauperización, a la extrema pobreza, había creado en el país un polvorín que podía conducir a la desestabilización del Africa Central. Había que sustituirlo y quienes manejan el nuevo orden internacional lo han hecho, han puesto a Kabila.

¿Quiere esto decir que Kabila servirá fielmente a los intereses norteamericanos?

Pienso que claramente que sí porque tiene que pagar de alguna forma la factura de este apoyo que le ha permitido conseguir el poder. Ya hace unos días, el embajador norteamericano en Kinshasa expresó el apoyo de su país a un gobierno monolítico de Kabila con la intención de limpiar la clase política zaireña, corrupta y aliada al antiguo régimen. De este modo se crearían las condiciones para las inversiones de las empresas norteamericanas que participarían en la recuperación económica del país. Esa es la estrategia norteamericana.

¿Consideras por tanto que las medidas destinadas a la justicia social y a la democracia no van a ser la prioridad de Kabila?

No veo una contradicción, los Estados Unidos han colaborado en el derrocamiento de Mobutu porque había conducido a una situación del pueblo zaireño de pauperización inédita y por ello era necesaria una recuperación económica mediante un nuevo líder que tiene en su proyecto de sociedad importantes elementos de justicia social y desarrollo humano. La pobreza del pueblo zaireño era tal que no solamente la zona se convertía en un polvorín sino que también hubiera dañado los intereses de EEUU a largo plazo.

¿En qué términos y de qué tipo son los contratos firmados por Kabila con las empresas norteamericanas?

Son contratos para la explotación de cobalto, cobre, oro y diamantes. Han sido multimillonarios, pero contrariamente a lo que hizo el gobierno de Mobutu, que practicamente había vendido el país a las multinacionales, Kabila, con más sensibilidad social hacia el pueblo zaireño, ha firmado no solamente acuerdos para financiar la lucha de liberación sino que los contratos no han sido a largo plazo como hacia el gobierno anterior, sino limitados a tres o cinco años renovables.

¿Qué fuerzas son las que integran la Alianza de las Fuerzas para la Liberación del Congo?

Hay distintos partidos, se incluyen revolucionarios de la década de los setenta y revolucionarios contra el régimen de Mobutu, también gendarmes katangueños, reclutas zaireños…, todos con el denominador común de la lucha contra el dictador Mobutu. Se trata de fuerzas diversas que ahora deben conseguir un consenso mediante un programa de desarrollo que creo que se está consiguiendo a través de un nacional populismo y un socialismo de mercado.

Teniendo en cuenta la destrucción de las estructuras del país, deben de abordar un cierto colectivismo y un dirigismo económico destinado a alcanzar un cierto bienestar del pueblo, pero al mismo tiempo deberán responder a las exigencias del nuevo credo liberal de sus mentores norteamericanos.

¿Cuáles serían las principales diferencias de la Alianza con el opositor político de Mobutu, Etienne Tshisekedi?

Hay discrepancias y convergencias. Las discrepancias pueden resumirse en la diferencia ideológica. Tshisekedi es la derecha nacionalista frente al socialismo de mercado de Kabila.

Otra gran diferencia es que Kabila es un señor de la guerra que siempre ha encarnado la lucha militar contra Mobutu, mientras que Etienne Tshisekedi es una antiguo colaborador de Mobutu que rompió con él cuando eligió la vía autoritaria, ha optado por la lucha pacífica, institucional. También se diferencian en los aliados internos, Tshisekedi ha gozado del apoyo de Francia y Bélgica mientras que Kabila contaba primero con el apoyo de los países del Este y de la URSS y ahora goza del apoyo norteamericano. Por otro lado, Etienne Tshisekedi cuenta para la recuperación del país exclusivamente con las fuerzas nacionalistas, mientras que Laurent Kabila cuenta con un planteamiento y apoyo panfricanista que se refleja en su gobierno al que ha incorporado elementos de lo que denomina de "nacionalidad dudosa" o con doble nacionalidad.

En cuanto a convergencias, la primera es que los dos lucharon contra Mobutu y ninguno puede ser peor; la segunda es que los dos buscan la rehabilitación del pueblo congoleño y la tercera es que los dos han aceptado las reglas del juego neoliberal.

Entonces, ¿por qué no ha incorporado Kabila a Tshisekedi en su gobierno?

Por varias razones. En primer lugar Kabila se quiere crear una cierta legitimidad, que ha de pasar por realizaciones concretas. Si organiza ahora unas elecciones, él no tiene ningún balance de logros para presentar al pueblo. El desea tomarse un cierto tiempo para hacer algunas cosas.

Kabila está convencido de que si se ha llegado a esta situación en el país es porque la clase política zaireña, en su conjunto integrada por los antiguos y nuevos mobutistas, es una clase totalmente corrompida y cómplice del antiguo régimen es la principal responsable y por consiguiente no se debe colaborar con ella. Tshisekedi es uno de esos antiguos colaboradores.

En tu opinión, ¿es verdad esa suposición de Kabila sobre Tshisekedi?

Sí y no. Mobutu en estos últimos siete años ha reclutado a muchos de los colaboradores de Tshisekedi mediante la corrupción, pero él ha sido el único que ha resistido a la intimidaciones, a las ofertas de corrupción e incluso las humillaciones. También Kabila quiere proceder a un rearme moral de la vida pública, hemos asistido a muchas estrategias de supervivencia totalmente inmorales que institucionalizó el régimen de Mobutu. Además, Kabila necesita un gobierno fuerte y monolítico para conseguir el apoyo de las empresas estadounidenses y sudafricanas, pero lo va a tener muy difícil por dos razones, por un lado le costaría mucho convertirse en un nuevo caudillo al estilo de los que tomaron el poder en otros países africanos mediante la lucha armada. El contexto de su toma del poder es absolutamente diferente, Mobutu pudo ejercer de dictador y caudillo porque tenía un cheque en blanco por parte de los países occidentales. Estos caudillos han accedido al poder mediante el apoyo de sus pueblos en la lucha, esto Kabila no lo tiene. En segundo lugar la lucha contra la dictadura en el Zaire había creado una fuerte conciencia política de la sociedad civil estructurada en partidos políticos, movimientos sociales y publicaciones, todo ello animado por intelectuales de los más brillantes del continente que no están dispuestos a pasar de una dictadura a otra. Por último, esta victoria también se debe en parte al rechazo del pueblo a la dictadura de Mobutu, un pueblo que no está dispuesto a perder su objetivo principal: la instauración de la democracia.

Todo esto demuestra que Kabila lo va a tener difícil. Yo creo que Kabila, que no tiene hombres para superar el caos que Mobutu ha dejado, debe contar con los demócratas internos mediante una conciliación entre los principios de la Conferencia Nacional Soberana que definió las bases de un estado de Derecho y democrático y el programa de las Alianza de las Fuerzas para la Liberación del Congo. Dicho de otra manera, debe conseguir una coexistencia entre sus jóvenes duros con los tecnócratas íntegros y demócratas que lucharon contra la dictadura de Mobutu, conciliar sus victorias militares con las victorias políticas y reemplazar la guerra de las armas por la guerra de las ideas. Desde luego yo comparto totalmente sus metas nacionalistas, tercermundistas, izquierdistas de la década de los sesenta porque no son ni las multinacionales ni la clase mobutista totalmente antipopular quienes pueden conseguir la recuperación del país, sino un programa de izquierdas, de justicia social y de desarrollo humano.

¿Y eso lo va a permitir el gran mentor de Kabila, los Estados Unidos?

Si no quieren tener una segunda guerra de liberación en el Zaire no deben imponer a Kabila las medidas liberales porque estaremos asistiendo a un mobutismo sin Mobutu. Si no se resuelve cuanto antes el problema de superviviencia diaria del pueblo congoleño los Estados Unidos van a perder, al igual que Francia, sus intereses en la región.

A tu entender, ¿cuáles deberían ser las prioridades en el gobierno de Kabila?

Se trata de prioridades destinadas a convertir su legitimidad militar en legitimidad política, como la búsqueda de una justicia social, de desarrollo humano. Al mismo tiempo debe establecer una política de buena vecindad por un lado con los países que le ayudaron y por otra parte con los países vecinos francófonos que siempre fueron aliados de Mobutu y que podrían convertirse en una retaguardia de lucha contra su régimen.

¿Y la convocatoria de elecciones?

El país se encuentra en una situación de desnudez total, la primera prioridad es crear infraestructura, las elecciones deben ser después. En el Zaire no se ha hecho nunca un censo, el pueblo no está informado, los medios han estado siempre en manos de los mobutistas. Primero se debe desarrollar el país para crear condiciones objetivas para que las elecciones sean verdaderamente libres y transparentes. Un gobierno fuerte y monolítico al margen de las peleas políticas es un mal menor. Pero evidentemente, las elecciones son un objetivo absolutamente necesario, con un calendario definido en el que se contemple una fecha tope que no debe ir más allá de dos años.

Los medios occidentales nos suelen presentar los conflictos africanos en términos étnicos, si no tribales, con el objeto de vaciarlos de contenidos ideológicos. Desde esta perspectiva a Kabila, Ruanda y Burundi se la asimila con el poder tutsi y a Mobutu con el poder hutu, ¿qué papel juega exactamente el conflicto hutus-tutsis en el antiguo Zaire?

Aunque sea una dimensión importante, el aspecto étnico no es determinante. Desgraciadamente la mentalidad o los esquemas occidentales acostumbrados a planteamientos simplistas según sus conveniencias, suelen reducir todos los conflictos del continente a esta dimensión étnica. Este conflicto ha tenido varias dimensiones porque empezó por ondas expansivas. Empezó en el este a partir de la sensación de amenaza que tenían Ruanda y Burundi por parte de los militares del ejército hutu y de los milicianos hutus del antiguo régimen. Estos países tomaron la iniciativa con un ataque preventivo confiando a Kabila esa labor. De este modo los tutsis banyamulenges recuperaban sus tierras mediante la ayuda moral y material de Ruanda y Burundi, y estos países lograban actuar contra esas fuentes de desestabilización que eran los campos de refugiados hutus en el este del Zaire. La presencia de estos campos fue interpretada por Ruanda y Burundi como una estrategia destinada a fortalecer la presencia hutu. 

Hemos de tener en cuenta que estos campos de refugiados han sido aprovechados por el gobierno zaireño de Mobutu para su rehabilitación nacional e internacional, tras acoger a esos refugiados se convirtió en un interlocutor ineludible.

Los gobiernos de Ruanda y Burundi consideran a esas poblaciones y esos campos como enemigas por su gran capacidad desestabilizadora.

Ante esta situación, la confluencia de intereses entre Ruanda y Burundi por un lado y los tutsis banyamulenges perseguidos por Mobutu fue un hecho.

En una segunda etapa, el ejército regular del Zaire y los milicianos hutus hicieron desplazar hacia el interior a los grupos rebeldes tutsis. Con esas fuerzas de choque, compuestas por milicianos hutus, el ejército del Zaire y posteriormente los mercenarios, Mobutu quería presionar a los gobiernos de Ruanda y Burundi con el objetivo de reinstaurar el poder hutu, el hutu-power, en Kigali y en Bujumbura.

Ante esta estrategia de Mobutu, los rebeldes zaireños, junto con los gobiernos de Ruanda y Burundi, decidieron que había que crear un territorio tampón o colchón sin que adoptara la forma de secesión, que no cambiara la fronteras por la trascendencia que pudiese tener en la comunidad internacional la creación de un nuevo estado. En una tercera y última fase, al ver la facilidad con que consiguieron este objetivo, los rebeldes llegaron a la conclusión de que el objetivo principal y global de la liberación nacional del Zaire era una meta posible. Para ello resucitaron un líder histórico que encarnaba una cierta legitimidad por su tradicional lucha contra la dictadura de Mobutu: Laurent Kabila.

Pero entonces, ¿es real esa división étnica en los frentes?, o dicho de otro modo ¿son hutus todos los que fueron partidarios de Mobutu y son tutsis todos los que luchan al lado de Kabila?

En términos generales sí, pero hay casos aislados de quienes se han adherido más a una ideología o a un principio que a una consideración racial. Se pueden encontrar elementos hutus en las tropas de Kabila y elementos tutsi en el ejército que se hizo aliado de Mobutu. De modo global existen dos frentes por razones de simplificación: una coalición prohutu integrada por el ejército zaireño, las FFAA ruandesas, milicianos y las tribus oriundas del Quif. Este grupo, que es el francófono, es el que ha sido derrotado y cuyo objetivo era la instauración del hutu-power en Kigali. Por otro lado, un frente protutsi, detrás de la anglofonía, integrado por Uganda, Ruanda, Burundi y, en cierta medida, los tutsis banyamulenges y Angola cuyo objetivo era impedir la reinstauración del hutupower. A este frente se le atribuye la creación de un imperio tutsi, algo más imaginario que real, pero que esta tomando forma con la presencia abrumadora tutsis banyamulenges en el gobierno de Kabila.

Diversos organismos no gubernamentales han acusado ya a Laurent Kabila y a sus tropas rebeldes de cometer masacres en los campos de refugiados hutus, ¿qué opinas de esas acusaciones?

Kabila debe permitir una investigación internacional por parte del ONU sobre estas masacres atribuidas a sus tropas.

¿Pero tú te las crees?

Personalmente creo que hay que dar a Kabila el beneficio de la duda. El propio Mobutu con la pasividad de la comunidad internacional convirtió a estos refugiados en moneda de cambio de la que se aprovecharon el propio ejército zaireño y desde luego el ejército del Frente Patriótico Ruandés. Estos refugiados han sido víctimas de las agresiones del ejército de Mobutu, de los militares de este ejército y de los milicianos hutus que los habían tomado como rehenes para conseguir la ayuda internacional y para protegerse contra los ataques del Frente Patriótico Ruandés mientras éste avanzaba hacia la liberación del Zaire.

Pero me parece muy curioso que las denuncias procedan de las mismas fuerzas que ayer abogaron por una intervención militar y humanitaria cuyo objetivo oculto no declarado era permitir la supervivencia del régimen de Mobutu, Francia en particular. Después pasaron a una segunda etapa de suministrar apoyo financiero, material bélico y mercenarios y, posteriormente, esos mismos son los que culpabilizan ahora a Laurent Kabila. Me parece una estrategia claramente montada con malas intenciones para desacreditar al equipo de Laurent Kabila, creo que lo más correcto es permitir la investigación y la creación de un tribunal para juzgar a todos los responsables de las limpiezas étnicas organizada en la zona ayer y hoy, en lugar de insistir solamente en las actuaciones de Kabila. Incluso la comunidad internacional tiene su parte de responsabilidad ya que a través del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) está insistiendo en el retorno de estos refugiados, es decir, en dejarlos en manos de sus opresores, en lugar de insistir en el derecho de asilo y de protección. En este problema, el gran fallo de todas las partes fue dar prioridad a los aspectos políticos frente al derecho internacional humanitario.

Asombrosamente la comunidad internacional está asumiendo una cínica impunidad para Mobutu y sus mercenarios. Para el primero se está buscando un exilio dorado y no se están interviniendo sus posesiones en España y Francia, procedentes del expolio al pueblo zaireño, mientras los segundos están impunemente integrados en la empresa de mercenarios Executive Outcomes con sede en un edificio de Kings Road, en el barrio londinense de Chelsea, ¿cómo se debería actuar en estos casos?

Es esta cultura de la impunidad una de las principales causas de esta guerra. La comunidad internacional ha favorecido esta cultura de la impunidad a través de varios factores. En primer lugar, la indiferencia ante las limpiezas étnicas organizadas por los poderes establecidos, estas limpiezas nunca fueron castigadas. En segundo lugar, la indecisión de la comunidad internacional respecto a los campos de refugiados, desde 1994 que se crearon, no ha hecho absolutamente nada para llevar a los tribunales a los responsables del genocidio de Ruanda en ese año. La misma comunidad internacional alimentó mediante la ayuda a los refugiados, la superviviencia de los militares y milicianos hutus que llevaron a cabo este genocidio y además la misma comunidad internacional rehabilitó a Mobutu Sese Seko, quien no tiene el más mínimo escrúpulo para utilizar la vida humana con fines electoralistas. Todos estos elementos han creado en la zona la idea de que se puede matar sin que sucediera nada. Además, nadie condenó el reclutamiento de los mercenarios por Mobutu, quienes cometieron enormes barbaridades con la población zaireña. Igualmente se creó un silencio absoluto entorno a los crímenes económicos, políticos y sociales de Mobutu.

   

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