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¿Qué discuten en Seattle?

por Pascual SerranoÚltima modificación 05/02/2007 18:21

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¿Qué discuten en Seattle?  

Pascual Serrano
Las masivas protestas en la ciudad norteamericana de Seattle ante la celebración de la Ronda del Milenio organizada por la Organización Mundial del Comercio (OMC) demuestran que los ciudadanos comienzan a entender dónde se encuentran las causas de la pobreza en el mundo.

Frente a los frecuentes mensajes vacíos de análisis sobre las estremecedoras situaciones de hambruna y muerte en tantos países del mundo difundidos en medios de comunicación y utilizados por algunas ONG´s, va siendo hora de que los ciudadanos se pregunten el por qué de esa situación y los medios para luchar contra ella.

Lo habitual es que, desde los informativos, se recuerden las miles de muertes por falta de alimentos en Etiopía, las estremecedoras cifras de víctimas de SIDA en Malawi, la violencia enloquecida de Colombia o las condiciones infrahumanas en los suburbios de grandes ciudades del Tercer Mundo. Son muchas las organizaciones que piden ayuda para paliar esas situaciones y otras tantas las empresas e instituciones que ofrecen su apoyo a la lucha contra esas tragedias. Lo que parece que a nadie interesa es explicar por qué ocurren, por qué no hay alimentos en Etiopía, por qué no hay dinero para atender a los enfermos de SIDA de Malawi, por qué en Colombia la gente se mata o por qué en Sao Paulo o Managua la población vive en suburbios rodeados de cólera y tifus. Como diría el sacerdote brasileño Helder Cámara “si doy comida a los pobres, ellos me llaman santo, si pregunto por qué los pobres no tienen comida, me llaman comunista”. Por eso todo el mundo se apunta a “dar comida” (la que les sobra, claro) y muy pocos a preguntarse por las razones de las diferencias entre los ricos y los pobres.

Las decenas de miles de manifestantes de Seattle, el millar de organizaciones que se han posicionado frente a la Ronda del Milenio y los colectivos que se han lanzado a denunciar lo que allí se negociaba, estaban poniendo el dedo en la llaga de las razones por las que llegamos al fin del milenio con un mundo en el que trescientas personas con residencia en Suiza acumulan  una fortuna de casi 250 mil millones de dólares estadounidenses, un tercio de la deuda externa de toda Latinoamérica.

El proceso de concentración empresarial que se está produciendo en el mundo en nombre del libre comercio ha permitido que hoy doscientas empresas multinacionales controlen la economía mundial en nombre del libre comercio. Ellas son las que manejan los mercados, los precios de los productos, el suministro de las materias primas, las cotizaciones en Bolsa. Si un gobierno les es hostil le hacen caer abandonando todas sus inversiones y dejando en la calle a miles de trabajadores. Son esas multinacionales y las instituciones en las que se apoyan -como OMC, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial-, las que deciden cuál es el precio del café que garantizará o condenará a la pobreza a muchos países de Latinoamérica, el del cacao, que decidirá lo mismo en Africa, las que financian ejércitos privados o gobiernos corruptos en Colombia o Guinea Ecuatorial para mantener sus intereses petroleros, o las que ponen precio a las medicinas contra el SIDA que deberían salvar la vida de tantos enfermos africanos. Son esas empresas las que promueven alimentos transgénicos que les aseguren a las firmas multinacionales el control de todos los cultivos porque son quienes poseen la patente de las semillas. Son ellas y los gobiernos que les apoyan y ellas financian quienes sentencian bloqueos económicos a los países díscolos (Iraq o Cuba) para derribar gobiernos y premian a los sumisos (Arabia Saudí o Marruecos), aunque estos sean menos democráticos. 

Y si a alguien le parece que se trata de cuestiones lejanas que no le afectan a su vida diaria, sólo recordar que es el “libre comercio” el que busca eliminar el billón de pesetas de ayuda a la agricultura que recibe España de la UE

Lo que la ciudadanía mundial se juega en los acuerdos que se negocian en foros como la Ronda del Milenio de Seattle es la victoria de la democracia y el desarrollo o la victoria del dinero y de la muerte.

Pero en contra de lo que pueda parecer, los ciudadanos del mundo, de España, de Albacete tenemos mucho que hacer y decir por lejos que parezcan esas decisiones. Estamos todavía a tiempo de que sean los gobiernos, elegidos por los pueblos, los que definan las reglas del juego y no las empresas mundiales. Eso es lo que debemos exigirles, que sean los gobiernos, los parlamentos, las organizaciones sociales democráticas las que definan cómo se organiza el futuro, cómo se protege el medio ambiente, cómo se distribuye la riqueza, cuáles deben ser las condiciones laborales mundiales. Hoy más que nunca el mundo viaja en el mismo barco, o nos salvamos todos o no se salva ni Dios.

 

 

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