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Mi amiga Luisa y los resultados electorales
15-6-99
Mi amiga Luisa y los
resultados electorales
Pascual Serrano
Soy un funcionario que gana 250.000 pesetas
al mes, trabajo menos de 35 horas semanales
y tengo garantizado el empleo. Sin embargo los resultados electorales de
Izquierda Unida en las pasadas elecciones me han entristecido y preocupado.
Propuestas de esta organización, como la implantación por ley de las 35 horas
para todos los trabajadores, la lucha por una estabilidad en el empleo, el
cierre de las empresas de trabajo temporal, el aumento de la pensión mínima al
salario mínimo o la creación de un salario social contra la exclusión de los
parados de larga duración, van a ser propuestas más difíciles de conseguir.
Mi amiga Luisa, simpatizante del PSOE, está contenta con los resultados y, sólo
por la amistad que le une a mi, expresa una cierta solidaridad que me transmite
en forma de aparente preocupación. En el fondo, y por el aprecio que me tiene,
lo que siente es más que otra cosa lástima por mi fracaso electoral.
Ella, mi amiga Luisa, trabaja 45 horas a la semana en una empresa textil. Tiene
un contrato temporal, cobra ochenta mil pesetas al mes y el primer día de
trabajo le obligaron a firmar su cese voluntario renunciando a cualquier
indemnización. Como los periodos de contratación son irregulares, con
frecuencia debe estar parada y no siempre recibe subsidio de desempleo ni
salario social alguno. De seguir así puede que no alcance el mínimo de años
cotizados para recibir una pensión, por lo que tendrá que subsistir con una
pensión no contributiva que viene a ser la mitad del salario mínimo.
Pero,
como ya dije anteriormente, ella está contenta con el éxito de su partido en
las pasadas elecciones. El mismo partido que, mientras gobernó, aprobó la
legislación laboral que se le está aplicando a ella. A veces pienso en la
paradoja de que yo sea quien esté triste y preocupado por el fracaso electoral
de los míos y ella, en cambio, esté eufórica por el éxito electoral de
los suyos. Y para más colmo, a mi amiga Luisa le doy pena por mi
fracaso electoral. Creo que, en el fondo, quien da pena es ella. Yo hice todo lo
que pude porque tuviera una jornada de 35 horas, un trabajo estable y un sueldo
digno garantizado. Pero, es evidente que ella, como tantos otros, no quisieron.
Quizás la justicia sea que mi amiga Luisa esté otros cuantos años trabajando
en estas mismas condiciones. Por supuesto, a mi siempre me tendrá a su
disposición.
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