Peones camineros de ocho años23-09-94 En Centroamérica, decenas de niños se dedican a tapar los baches de las carreteras por unas monedas que las lanzan los conductores Peones camineros de ocho años San Salvador. Pascual Serrano José Angel tiene ocho años, aunque su piel está tan curtida como la de un hombre de cuarenta, todos los días a las ocho de la mañana, junto con otra decena de niños, comienza a soterrar los baches de la carretera del Troncal del Norte a tan solo quince kilómetros al norte de San Salvador en el departamento denominado paradójicamente La Libertad. "Los conductores nos suelen dar unos cuarenta centavos (ocho pesetas), los camioneros y los buseros son los que nunca nos dan. Al cabo del día podemos llegar a los 20 colones (300 pesetas). Todo se lo doy a mi mamá", afirma José Angel. "No voy al colegio porque no tengo dinero para el uniforme y las zapatillas", añade. Junto a él está su hermana Rosa, de doce años, que tampoco nunca fue a la escuela. La policía, como en tantas otras situaciones de trabajo infantil, simplemente les ignora. el trabajo resulta agotador, han de excavar con la pala en la cuneta para extraer que la tierra con la que, posteriormente, taparán el hueco. El peligro al que están expuestos los niños es evidente, prueba de ello es que hace quince días uno de ellos murió bajo las ruedas de un camión que se dio a la fuga. La delincuencia tampoco les perdona. "Muchas veces vienen las maras (bandas armadas de delincuentes) y nos quitan todo el dinero", señala otro de los niños. Es por ello que salen huyendo y se esconden entre los matorrales cuando los conductores salen de sus vehículos. José Antonio y Ricardo son hermanos. el primero tiene 14 años y el segundo 12. Al ver a otros niños dedicarse a tapar baches decidieron hacer lo mismo. Al preguntar al menor de ellos por sus padres, responde llorosamente que "murieron en la guerra" y ahora viven con un tío. "Nadie nos manda que vengamos, pero mi tío necesita el dinero para comprarnos comida. El sabe que venimos aquí y no nos dice nada", nos explica Antonio. A diferencia de Angel, Ricardo afirma que la mayoría de las tardes sí van a la escuela. Pero los niños tapa-baches, como les denominan los conductores, no solamente se encuentran en El Salvador, los podemos ver en el tramo de la panamericana que atraviesa Honduras y une Nicaragua con El Salvador. En esta carretera, frecuentada sobre todo por camiones, defectos en el asfaltado han provocado que se formen a lo largo de tramos llanos y en general en buen estado, enormes socavones aislados de más treinta centímetros de profundidad que pueden provocar graves accidentes. En estos casos, los niños, además de taparlos, avisan desde el propio hueco de su existencia para que los automóviles y camiones puedan esquivarlos. El conductor lanza unas monedas y todos se lanzan al suelo a por ellas. Ese es uno de los momentos en que los niños pueden ser más fácilmente atropellados. Por supuesto, los padres conocen este trabajo de sus hijos y son conscientes del peligro. Cuando localizamos a Sergio, el padre de José Angel y Clara, avergonzado y humilde, reconocía que el dinero que le proporcionaban los niños era imprescindible. "Claro, que sé el peligro que pasan los niños, pero en casa no hay dinero para comer. Mi trabajo en la milpa (maizales) no da para alimentar a mis cinco hijos. Si pueden conseguir cuarenta o sesenta pesos al día no podemos despreciarlos", afirma cabizbajo. No parece que las condiciones económicas de estos países hagan esperar que desaparezcan pronto estas imágenes. Hace más de dos años que se firmaron los acuerdos de paz entre la guerrilla salvadoreña, el FMLN, y el gobierno de ARENA pero las condiciones de vida de la población han empeorado. Se diría que la pobreza en Centroamérica no diferencia la guerra de la paz.
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