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Palabras en la presentación del libro “Antonio Llidó, un sacerdote revolucionario”. Javea (Alicante). 30 AbrilMás que un trabajo de investigación, un acto de justicia02/05/2007
Pascual Serrano/ Para que una historia o un acontecimiento pasado siga vivo en las nuevas generaciones hacen falta que confluyan tres condiciones. Primera, que la historia, por su trascendencia o su ejemplo, sea merecedora de no desaparecer en el olvido; en segundo lugar que haya estudiosos y profesionales dispuestos a investigarla, a sacarla a la luz de forma rigurosa y detallada y, como última condición, que eso se produzca en una sociedad o un contexto que siga apostando por defender su memoria y los valores que en ella hayan podido descubrir. Hoy, aquí, en Javea, están presentes y personalizadas esas tres condiciones. Una trayectoria merecedora de seguir viva para convertirse en ejemplo de vida, de lucha y coherencia, la historia de Antonio Llidó; un historiador dispuesto a investigar los detalles de esa vida y las causas que le motivaron a su lucha, Mario Amorós; y un pueblo y una familia, representada por Pepa Llidó, que no ha dejado de reivindicar la memoria y la justicia para su hermano Antonio. Mario Amorós, con este ya cuarto libro, profundiza en lo que se denomina la historia desde abajo. Algunos periodistas hacemos periodismo “desde abajo”, eso no es difícil, sólo hay que querer hacerlo, basta con recoger las posiciones y testimonios de la gente sencilla. Pero hacer historia desde abajo es mucho más difícil porque las bibliotecas, las enciclopedias, las investigaciones, los medios de comunicación están repletos de la historia “de arriba”, es decir, de los vencedores, los poderosos. Por eso, recoger la información histórica de los silenciados por las academias de vencedores, además de ser un acto loable de justicia, es un trabajo titánico porque hasta el último detalle se convierte en la búsqueda de lo inédito y escondido. Amorós logra con su trabajo darle nombre, cara, humanidad en una palabra, a la historia que habitualmente se presenta con cifras y fechas. Para ello cuenta con los testimonios de 49 personas entrevistadas, noventa cartas de Llidó, así como documentos políticos hasta ahora desconocidos e inéditos, además de un gran trabajo de inmersión en las mil páginas del proceso judicial abierto contra Augusto Pinochet por la desaparición de Antonio Llidó. Todo ello convertido en un libro dotado del ágil estilo que le da ser también periodista a Mario Amorós. La historia de Antonio Llidó no es sólo un trabajo de investigación, es un acto de justicia, lo que convierte al libro en doblemente meritorio. Me ha emocionado cómo hay tantos elementos en esa trayectoria con los que uno logra sentirse cercano. Desde el hecho de que mientras Antonio estaba en el seminario de Moncada yo estuviera naciendo en Benimamet, a muy poca distancia, hasta ese cristianismo de combate con los pobres que se hizo carne -utilizando la terminología católica- en Antonio Llidó, en monseñor Romero, en Manuel Pérez o en Camilo Torres. Mi hijo se llama Camilo en homenaje a este segundo. Yo, que no soy creyente, descubrí ese compromiso de los sacerdotes en El Salvador y desde entonces quedé conmocionado. Su fe les daba una fuerza, una coherencia y un espíritu de sacrificio que los laicos difícilmente podemos conseguir, tal y como vi en El Salvador durante la guerra y comprobé varios años después ya en la paz. En mi segundo viaje a ese país, me encontré con que muchos de los líderes populares y guerrilleros del FMLN se habían acomodado en sus nuevos cargos alejados de la pobreza, en cambio, los sacerdotes, seguían en el mismo sitio, al lado de los pobres, con la misma lucha. Trabajo que contrasta con la complicidad muchas veces frecuente de la alta jerarquía eclesiástica con dictaduras como la chilena, la argentina y la española. Complicidad que continúa hoy en vigor como lo demuestran las negativas que ha recibido Mario Amorós para conocer los archivos referentes al sacerdote Llidó de la Conferencia Episcopal Español y el Arzobispado de Valencia. El libro “Antonio Llidó, un sacerdote revolucionario”, se presentará en muchos foros y lugares, pero la de aquí en Javea es muy diferente. Creo que me ha tocado la más privilegiada de todas las presentaciones de este libro. Porque esta es su tierra, donde nació, donde vivía su familia, a donde enviaba sus cartas, el lugar que nunca olvidó. Aquí está su hermana Pepa, quien tiene el orgullo de llevar su apellido y el mérito de toda una vida de lucha por la memoria y la justicia de Antonio. Y aquí están esas gentes que saben que Antonio Llidó es hijo de este pueblo, que llevó lo mejor de esta sociedad hasta Chile para luchar en lo que creía y que muchos seguimos creyendo. Sólo les pido que si les interesa la historia, la justicia, la vida, Javea, lean a Antonio Llidó, él está en Chile, en Javea y dentro de este libro. |