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Musulmanes y judíos23/06/2009
Pascual Serrano/
Para la mayoría de occidentales, la religión musulmana se ha convertido, a base de la constante desinformación, en sinónimo de fundamentalismo, intransigencia y fanatismo. En cambio, el judaísmo e Israel nos parece algo muy diferente. Moderno, desarrollado, con ciudadanos de piel clara, incluso le llaman la única democracia de Oriente Medio. Dos recientes libros escritos por mujeres ayudan a conocer la realidad y romper esos estereotipos. El primero, “El islam sin velo” (Planeta), de la iraní Nazanín Amirian y la alemana Martha Zein, ayuda desde una perspectiva laica y agnóstica a superar prejuicios y falsedades sobre esa religión. El segundo es de la periodista Olga Rodríguez (Debate), buena conocedora de Oriente Próximo. Se titula “El hombre mojado no teme la lluvia”, y es un ejemplo de periodismo en estado puro, donde recoge testimonios de Iraq, Palestina, Israel, Líbano, Siria, Afganistán y Egipto. Los judíos ortodoxos tienen prohibido tocar –incluso rozar- a una mujer que no sea su esposa. En las zonas en que predominan -afirma Olga Rodríguez- hay autobuses con áreas divididas de hombres y mujeres y pasos de cebra exclusivos para mujeres. En algunas localidades hay aceras solo para hombres y otras solo para mujeres. “Una de las veces que visité el barrio se estaba celebrando el funeral de un rabino ultraortodoxo. (…) Yo caminaba hacia aquella muchedumbre compuesta solo de hombres. Cuando me vieron, gritaron presos del pánico, salieron escopetados de la calzada y se agolparon en las aceras, apretujados, mientras yo continuaba mi marcha, un tanto acongojada, a través de un ancho pasillo de la calle que habían dejado vacío para mí, una mujer, el pecado, lo intocable”, relata la periodista. Una actitud digna de los talibanes afganos que tanto nos ha escandalizado en Occidente. Yo no vi nada parecido en los países de mayoría musulmana en los que he estado (Jordania, Líbano, Iraq o Túnez). No se debe pensar que esta comunidad ultraortodoxa es marginal en el país, son el diez por ciento de la población y tienen casi la cuarta parte de los escaños del Parlamento israelí.
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